Lo que no se debe hacer al dar un pésame

No existe una frase perfecta. El duelo es una experiencia individual y no todas las personas reaccionan de la misma manera.
Sin embargo, organizaciones especializadas coinciden en algunas conductas que conviene evitar.
No minimizar la pérdida
Expresiones como “por lo menos ya no sufre”, “vivió muchos años”, “está en un lugar mejor” o “todo pasa por algo” pueden hacer que la persona sienta que su dolor está siendo desestimado. La organización británica especializada en duelo Cruse Bereavement Support recomienda evitar este tipo de frases y optar por palabras sencillas y sinceras.
Tampoco es conveniente asegurar que “el tiempo todo lo cura” o pedirle a alguien que “sea fuerte”. El duelo no tiene un calendario determinado y puede incluir tristeza, enojo, culpa, alivio o confusión. Según Marie Curie, no existe una manera correcta de vivirlo ni un plazo común para superarlo.
No comparar dolores
Decir “sé exactamente cómo te sientes” puede resultar invasivo. Aunque quien ofrece el pésame haya sufrido una pérdida similar, cada relación y cada duelo son distintos. Relatar de inmediato una experiencia propia también puede desplazar la atención hacia quien acompaña, cuando lo importante en ese momento es escuchar.
Es preferible reconocer los límites: “No imagino lo difícil que debe ser” o “No sé qué decir, pero estoy aquí para acompañarte”.
No imponer creencias ni explicaciones
Las referencias religiosas pueden brindar consuelo cuando se conocen y comparten las creencias de la familia.
En caso contrario, afirmar que la muerte fue “la voluntad de Dios” o que la persona fallecida “está mejor” puede generar incomodidad, enojo o dolor adicional.
También deben evitarse las preguntas insistentes sobre las circunstancias de la muerte. La persona doliente decidirá si desea hablar y cuánto quiere contar.
No obligar a hablar ni a reaccionar
No todas las personas quieren conversar, recibir abrazos o llorar en público. Acompañar también significa respetar el silencio y los límites físicos y emocionales. La recomendación de Marie Curie es dejarse guiar por la persona y escuchar sin interrumpir cuando quiera hablar.
No ofrecer ayuda de manera vacía
“Avíseme si necesita algo” puede trasladarle a la persona en duelo la responsabilidad de pedir ayuda cuando quizá no tenga energía para hacerlo. Es más útil ofrecer algo concreto: llevar comida, realizar una diligencia o llamar en una fecha determinada.
Finalmente, no conviene desaparecer después del funeral. El acompañamiento suele disminuir precisamente cuando la ausencia comienza a sentirse con mayor fuerza. Un mensaje breve días o semanas después puede ser más valioso que intentar encontrar palabras extraordinarias.
Al dar un pésame, menos suele ser más: reconocer la pérdida, escuchar y permanecer cerca constituye una forma de apoyo más humana que cualquier explicación.




