La razón de los novenarios

En muchas familias católicas, especialmente en América Latina, la muerte de un ser querido da inicio a una tradición que ha acompañado a generaciones: el novenario.
Durante nueve días, familiares, amigos y vecinos se reúnen para rezar por la persona fallecida y acompañar a quienes atraviesan el duelo.
Pero ¿por qué nueve días y de dónde proviene esta costumbre?
La palabra novena procede del latín novem, que significa “nueve”. Según la Catholic Encyclopedia, una novena es una práctica de oración pública o privada realizada durante nueve días y, a lo largo de la historia cristiana, han existido novenas de preparación, petición y también de duelo por los fallecidos.
Una de las principales referencias cristianas para esta tradición se encuentra en el período comprendido entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés.
Los Hechos de los Apóstoles relatan que los discípulos permanecieron reunidos en oración junto con María mientras esperaban la llegada del Espíritu Santo.
La Santa Sede explica que la Novena de Pentecostés surgió precisamente de la reflexión sobre este episodio bíblico.
San Juan Pablo II se refirió también a esos nueve días de oración como la primera y más antigua novena de la tradición cristiana.
¿Y el novenario por una persona fallecida?
La relación entre nueve días y los ritos de despedida tiene una historia compleja y es anterior al cristianismo.
En las culturas griega y romana existieron períodos de duelo vinculados al noveno día.
Con el desarrollo del cristianismo también aparecen conmemoraciones de los difuntos en el tercer, séptimo y noveno día, y durante la Edad Media se documentan novenas de misas por personas fallecidas.
La tradición continúa teniendo presencia en la Iglesia. Un ejemplo reciente ocurrió tras la muerte del papa Francisco en 2025, cuando el Vaticano celebró los Novendiali, nueve días de celebraciones eucarísticas en su memoria.
Más que una oración
Para muchas familias, el novenario tiene además una dimensión profundamente humana.
Reunirse durante varios días crea un espacio para acompañarse, conversar, recordar a quien falleció y compartir el dolor en comunidad.
Cada familia puede vivirlo de manera diferente: algunas rezan el rosario, otras celebran misas o reúnen a familiares y vecinos.
Más allá de las particularidades, permanece un mismo gesto: detenerse, acompañar y recordar.
En momentos en que una ausencia cambia la vida cotidiana, el novenario representa también algo muy sencillo y valioso: recordarnos que el duelo no tiene por qué vivirse en soledad.




