
Donde hubo noticia, estuvo su voz.
Hay periodistas que informan sobre la época que les tocó vivir y hay otros que, con los años, terminan formando parte de la memoria de un país. William Céspedes Chavarría fue uno de ellos.
Gran parte de su experiencia y de su identidad profesional la construyó como reportero del desaparecido noticiero de Radio Reloj, una de las emisoras que marcó época en el periodismo costarricense. Desde sus micrófonos, William siguió de cerca la vida política del país y llevó a los oyentes noticias que, muchas veces, estaban ocurriendo en ese mismo momento. Su voz fue parte de una forma de hacer radio en la que la inmediatez, la calle y el contacto directo con las fuentes eran esenciales.
Durante décadas estuvo allí donde ocurría la noticia: en Casa Presidencial, en la Asamblea Legislativa, en los acontecimientos políticos y en esos momentos que, con el paso de los años, terminarían ocupando un lugar en la historia nacional. Pero su legado no se mide únicamente por la cantidad de noticias que contó, sino por la constancia con la que eligió estar presente para contarlas.
William perteneció a una generación que entendía el periodismo como un oficio de cercanía, responsabilidad y servicio. Una época en la que el reportero caminaba detrás de la noticia, preguntaba, escuchaba, contrastaba versiones y regresaba al micrófono con la responsabilidad de explicar lo ocurrido a quienes estaban del otro lado.
También conoció de cerca los riesgos de esa profesión. El 30 de mayo de 1984, mientras cubría una conferencia de prensa en Nicaragua, sobrevivió al atentado de La Penca, uno de los episodios más dolorosos para el periodismo costarricense. Aquella experiencia lo acompañó durante el resto de su vida y reforzó su compromiso con la memoria y con la búsqueda de justicia para quienes murieron o resultaron heridos aquel día.
Su vocación tampoco terminó frente a un micrófono. Fue parte activa de la construcción y defensa del gremio periodístico costarricense, participando en espacios desde los que procuró fortalecer la profesión y los derechos de quienes la ejercen.
Hoy, al despedirlo, quedan sus coberturas, su voz, sus historias y una época de la radio costarricense que también ayudó a construir. Quedan, además, los recuerdos de quienes compartieron con él redacciones, coberturas y largas jornadas detrás de una noticia.
Porque el verdadero legado de un periodista no está únicamente en aquello que publicó o transmitió. Está en las historias que ayudó a preservar, en las preguntas que se atrevió a hacer y en la memoria que dejó en quienes compartieron el oficio con él.
William Céspedes Chavarría estuvo allí para que la historia no pasara sin ser contada. Y buena parte de esa historia la contó desde Radio Reloj.
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