Un memorial

Pbro. Gerardo Badilla González

1950 — 2026 Heredia

Una vida dedicada a sus semejantes.

El padre Gerardo Badilla González “Capulina” ha trascendido a la vida eterna.

Por Emilio Arias, amigo.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo lo recordaremos siempre como lo que fue: un hombre revolucionario, trabajador incansable, de palabra franca y directa, y profundamente comprometido con las luchas sociales y con quienes más necesitaban una voz que los defendiera.

A lo largo de los años recibí muchas llamadas suyas para hacerme cómplice de sus proyectos, de sus luchas y también de sus ilusiones. Mientras fue párroco de Santa Rosa, se convirtió en un incansable luchador por la construcción del CTP. Cada vez que sonaba mi teléfono y aparecía su nombre, sabía que al otro lado estaba el padre Gerardo para pedir por algo o, casi siempre, por alguien que necesitaba una mano.

Muchas veces le decía en broma: “Padre, lo vamos a contratar en el IMAS”, porque hacía los análisis sociales como todo un trabajador social. Conocía a su gente, sabía dónde estaban las necesidades y entendía que la fe también debía expresarse acompañando, sirviendo y luchando por quienes menos tenían.

Fue, además, un apasionado de la política. Crítico y frontal, pero también poseedor de una enorme capacidad para reconocer las buenas obras, sin importarle de dónde vinieran ni quién las impulsara, “no era mezquino”. En tiempos en que tantas veces se anteponen las diferencias a las causas comunes, esa fue también una de sus grandes virtudes.

Sin duda, fue uno de esos curas que para algunos quizá pecaba de franco, pero que para muchos de nosotros simplemente tenía el valor de decir en voz alta aquello que otros prefieren callar por conveniencia o complicidad.

Hoy se marcha un sacerdote, pero también un luchador social, un hombre de pueblo y una voz incómoda cuando había que serlo.

Que descanse en paz el padre Gerardo y que su caminar por este mundo y por nuestros pueblos jamás sea silenciado por la mezquindad de quienes no son capaces de reconocer en los demás la grandeza y el don de entregarse a las causas de quienes muchas veces no tienen voz.

Porque quien dedica su vida a levantar la voz por los pobres puede partir físicamente, pero jamás será silenciado. Su voz seguirá resonando en las luchas que emprendió, en las obras que ayudó a construir y, sobre todo, en la memoria y el corazón de las personas por quienes alguna vez alzó la voz.

Descanse en paz, padre Gerardo.

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