Un memorial

Luciano Cisneros Gallo

1959 — 2006 San José

En honor a mi papá

Yo tenía ocho años cuando Pa murió. Ocho años es muy poco para dimensionar lo que su pérdida significaría. Entendía que no lo vería de nuevo, que lo que me quedaría de él serían las memorias y lecciones que tenía hasta entonces y que hasta vernos de nuevo, eso tendría que ser suficiente. Entendía que habrían cambios, que la vida después del 3 de Octubre del 2006 había cambiado y por más que cerrara y abriera los ojos una y otra vez, ya no había vuelta atrás.

Por Sebastián Cisneros Sojo, hijo.

Lo que no entendía era todo lo que vendría luego: la silla vacía en las comidas, la ausencia del carro y de la moto en la cochera, la falta del jugo de naranja en los desayunos y el silencio en las mañanas cuando íbamos a la finca que a él tanto le gustaba.

No entendía tampoco que gradualmente olvidaría el sonido de su voz o el olor de su colonia; que en algún punto llegaría el día cuando habría vivido más tiempo sin él, que con él. Incluso que sería ese mismo tiempo que, poco a poco, reclamaría la mayoría de las memorias que pensé que me pertenecían y que eran mi responsabilidad resguardarlas por él.

Sin embargo, poco a poco, lo que aprendí es que sus lecciones no se detuvieron el que día que murió. Mi papá siguió enseñándome todos estos años de la mejor manera que hay: a través del ejemplo. No ha habido ocasión que alguien, que me reconozca como su hijo, no me cuente historias de la gran persona que fue. No ha habido comentario dicho a su nombre que no lo pinte con cariño, calidez o agradecimiento. No hay consejo que diera que no sirva como inspiración para seguir luchando, seguir creyendo en la gente, seguir dando lo mejor de uno y seguir disfrutando la vida.

He escuchado personas de todas edades hablarme sobre el gran hermano, hijo, padre, amigo, deportista, consejero y hombre trabajador que fue. Ese es el legado de mi papá. Eso es lo que 20 años después de su partida me enorgullezco de celebrar; el modelo a seguir que fue y el ejemplo que dejó para nosotros quienes llevamos su nombre.

Un hombre dedicado, honrado, sabio y auténtico que vivió sus 47 años llenos de amor e intención. Una persona que marcó tantas vidas y tantos corazones de tal forma que aún hoy en día es extrañado y continuará siendo extrañado por siempre.

Mi papá amaba y atesoraba la vida y es un honor para mí cerrar este texto en homenaje a la suya con su frase favorita, que tan acertadamente lo captura. Te amo y te extraño, muchas gracias por todo Pa. Hasta que nos volvamos a encontrar:

“¡Ánimo! ¡Ánimo!”, como solías decirnos.

Otros memoriales

Jorge Mario Céspedes Cordero

Jorge Mario Céspedes Cordero

1985 — 2026
San José
Ver memorial
Dr. Juan Manuel Villalobos Vindas

Dr. Juan Manuel Villalobos Vindas

1963 — 2026
Heredia
Ver memorial